Si has pensado algo que te incomoda seguro has intentado cambiarlo o quitarlo de tu mente
Porque hemos aprendido que lo incómodo se tiene que ir y rápido. Y que siempre que la cosa incómoda no esté a la vista (o en mi pensamiento), tendré felicidad y calma
Pero no todo lo que pasa por tu cabeza es digno de atención, por más que ese pensamiento se disfrace de urgente, importante, real o verdadero. Hemos aprendido a creer que «si lo pienso, tiene que ser cierto»
No se trata de quitar pensamientos, se trata de cambiar la forma en que aprendiste a responderles. Algunos son incómodos porque dan miedo, otros vergonzosos, otros te hacen sentir culpa o enojo. La solución es la siguiente: No te enganches.
El pensamiento puede llegar pero tú puedes entrenar tu atención para dejarlo ir, como si fuera una hojita que fluye en un río. La hoja cae del árbol porque así tiene que ser, el pensamiento llega a tu cabeza porque sí. No luches. No reacciones con urgencia
Préstale atención. ¿Qué es? un problema que está en tus manos resolver? Hazlo! resuelve. ¿Es un problema que no está en tus manos resolver? , ¿Es grave?, ¿Es urgente?….mira qué podrías hacer en el plano tangible y realista. Pero hay pensamientos que no son problemas o al menos nada que tú puedes hacer.
Ese tipo de pensamientos normalmente se disuelven cuando no reaccionas compulsivamente para tratar de responderles. Con muchísima presencia consciente al momento actual, deja que lleguen y elige redirigir tu atención al mismo tiempo que practicas la sensación en el cuerpo de tolerar la incomodidad
Cuando entrenas tu atención puedes dejar de reaccionar a los pensamientos en lugar de luchar por quitarlos. Esa lucha no se gana, creeme, ya estuve ahí y no se gana
No es que desaparezcan, es que ya no tienen el mismo poder sobre ti. Ya no los ves como ideas absolutas y urgentes
La atención funciona como una lupa que amplifica lo que enfocas. Requiere práctica pero funciona